Hay que sacarlo todo

Quizá pudiste notar la semana anterior que, como me he mudado de oficina, estoy enfocada en poner orden y hacer espacio. Eso me resultó muy efectivo, por lo que decidí extender el proceso a otros lugares olvidados, algunos tan cotidianos que por lo mismo se volvieron invisibles, así que con el tiempo se fueron llenando de cosas sin uso al igual que algunos de los fardos emocionales.

Me refiero concretamente a mi closet, una colección actual, pero también con registro arqueológico de tendencias idas y venidas, algunas tan viejas, que la moda volvió…

Me enfrenté entonces a unos cuantos duelos: tomar la difícil decisión de soltar. Te confieso que fue más muy profunda de lo esperado, pues no se trataba solamente de “limpiar el closet”, era soltar recuerdos, personas, momentos apresados en cada prenda, cada par de zapatos, un cinturón jurásico ya sin uso posible, pero que, nomás verlo me hizo sonreír al devolverme memorias imborrables de las que no me quería desprender. Eso me hizo reflexionar sobre una vieja canción de Piero, de esas siempre vigentes:

Hay que sacarlo todo afuera, como la primavera
para que adentro nazcan cosas nuevas.

Entonces me di cuenta de que eso soy. Soy lo que tengo dentro: Estoy llena de personas, días, años, eventos, celebraciones, momentos, sobre todo momentos, de NO celebraciones, es decir, del paso hermoso de lo cotidiano que vivo en presente y por eso disfruto cada instante como único.

En cada despedida de esas cosas que descarté me di cuenta que SOY y no necesito de chunches para asirme a mí. Con ellos o sin ellos seguiré enriqueciendo mi caudal de vida, eso sí, más liviana. tengo el nuevo propósito de hacer espacio cada cierto tiempo, para dejar que lo nuevo, las sorpresas y regalos de cada día, ganen un lugar de privilegio en esta vida maravillosa.

 

Lo que abrazo a diario es lo que merece ser vivido ahora.
Lo otro sigue amorosamente guardado en mi alma, ahora sin apegos, y de ahí no se moverá, pues es lo que SOY.

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Diciembre 2017: Cómo manejar un duelo no resuelto en navidad

La Navidad es una fiesta de color, olores y alegría, que se filtran hasta el rincón más privado de la casa. El mundo se viste con ese ambiente, que llena la televisión y los medios de comunicación, especialmente las redes sociales, que se desbordan con recetas, decoración, festejos y fotos de familia, pero si estás enfrentando un duelo, tanta alegría puede lesionarte, y sumirte en una soledad mayor, al no poder compartir el ánimo que supone estas fechas.

No hay una fórmula que saque mágicamente de ese abatimiento, pero sí hay muchas cosas que se pueden hacer, para comprender el aprendizaje que trae la vida en esas circunstancias, y eso comienza con decidir dar un primer paso, pequeño y amoroso hacia tu dolor.

No disimulés tu pena, no te forcés. Preparáte para comprender lo que te agobia y construir sobre esas emociones, para honrar esa ausencia y ese ser querido que se ha marchado, darle la verdadera importancia a su vida y al tiempo compartido, y, a partir de ahora, hacer que haya valido la pena por lo que harás de tu propia vida.

Si no es tu caso, pero conocés a alguien en estas circunstancias, es el momento de tenderle una mano y demostrarle que te importa.

Sylvia-Rodrigos-duelo2

Todo duelo es un aprendizaje para honrar la vida.

En ocasiones la vida nos sorprende con situaciones en que experimentamos una pérdida difícil de superar. Para conseguirlo, cerrar el proceso del duelo es esencial. Y es que el duelo no se da sólo por la ausencia o separación de un ser querido que nos ha dejado, hay otras pérdidas o cambios que, por tener una fuerte repercusión emocional, pueden afectar profundamente.

Tal es el caso al cambiar de trabajo, mudarse de casa, un hijo que se casa o se independiza, y otras situaciones en que queda un vacío. Aunque en ocasiones se trate de una separación temporal, como sería un hijo o hija que ha ido a estudiar fuera, puede provocar un duelo. También está, por supuesto, duelo más reconocible, el de las pérdidas que serán para siempre, como un divorcio, perder una casa o un fallecimiento.

La certeza de que no se volverá a ver a esa persona o recuperar las condiciones que cambiaron, transita por algunas fases que deben fluir, para alcanzar a comprendernos, y evolucionar en la situación vivida.

No hay una fórmula que saque mágicamente de ese abatimiento, pero sí hay mucho que se pueden hacer para comprender el aprendizaje que presenta la vida en esas circunstancias, y eso comienza con la decisión de dar un primer paso, uno pequeño y amoroso hacia tu dolor.

No disimulés tu pena, no te forcés. Preparáte para comprender lo que te agobia, y construir sobre esas emociones, para honrar esa ausencia, el cambio o a ese ser querido que se ha marchado. Valorar la importancia de lo vivido y entender lo que nos sucede, hacer que valga la pena el aprendizaje, por el resto de la vida.

Sylvia Rodrigos-duelo