Hay que sacarlo todo

Quizá pudiste notar la semana anterior que, como me he mudado de oficina, estoy enfocada en poner orden y hacer espacio. Eso me resultó muy efectivo, por lo que decidí extender el proceso a otros lugares olvidados, algunos tan cotidianos que por lo mismo se volvieron invisibles, así que con el tiempo se fueron llenando de cosas sin uso al igual que algunos de los fardos emocionales.

Me refiero concretamente a mi closet, una colección actual, pero también con registro arqueológico de tendencias idas y venidas, algunas tan viejas, que la moda volvió…

Me enfrenté entonces a unos cuantos duelos: tomar la difícil decisión de soltar. Te confieso que fue más muy profunda de lo esperado, pues no se trataba solamente de “limpiar el closet”, era soltar recuerdos, personas, momentos apresados en cada prenda, cada par de zapatos, un cinturón jurásico ya sin uso posible, pero que, nomás verlo me hizo sonreír al devolverme memorias imborrables de las que no me quería desprender. Eso me hizo reflexionar sobre una vieja canción de Piero, de esas siempre vigentes:

Hay que sacarlo todo afuera, como la primavera
para que adentro nazcan cosas nuevas.

Entonces me di cuenta de que eso soy. Soy lo que tengo dentro: Estoy llena de personas, días, años, eventos, celebraciones, momentos, sobre todo momentos, de NO celebraciones, es decir, del paso hermoso de lo cotidiano que vivo en presente y por eso disfruto cada instante como único.

En cada despedida de esas cosas que descarté me di cuenta que SOY y no necesito de chunches para asirme a mí. Con ellos o sin ellos seguiré enriqueciendo mi caudal de vida, eso sí, más liviana. tengo el nuevo propósito de hacer espacio cada cierto tiempo, para dejar que lo nuevo, las sorpresas y regalos de cada día, ganen un lugar de privilegio en esta vida maravillosa.

 

Lo que abrazo a diario es lo que merece ser vivido ahora.
Lo otro sigue amorosamente guardado en mi alma, ahora sin apegos, y de ahí no se moverá, pues es lo que SOY.

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