¡Movéte! para espantar el miedo

El miedo tiene como única finalidad conservar tu supervivencia y cuando no manejás esa emoción, perdés contacto con vos y se precipita una cadena de emociones con consecuencias devastadoras. Recordá:

El miedo es la emoción más fácil de combatir porque sólo existe en tu cabeza.

¿A qué tenés miedo? ¿A avanzar, a ser grande, a cambiar de vida, a tener éxito? ¿No soltás lo conocido, no lográs desapegarte, comprometerte, temés al cambio, a salir de tu zona de confort?

Cada vez que el miedo te sorprenda preguntate: ¿Qué sería lo peor que verdaderamente podría pasar? No las exageraciones que creás en tu cabeza, lo que en verdad podría pasar.

No te acostumbrés, nunca te acostumbrés al miedo.
Tomá acción. ¡Movéte!

 

Usá tus sentidos para salir de Esa zona de confort

MOVÉ TU CUARTO, TU CAMA, TU CASA

Cambiá los muebles, movilizá la energía, ¡que todo se refresque! Hacé esa limpieza anual que deja espacio para recibir lo nuevo.
Caminá, salí a la montaña, cambiá en algo la rutina del trabajo, las relaciones, tus patrones de vida. Transformá tu perspectiva. Acercáte a aquellas personas con quienes podés ser auténtico y nutren hasta tus sueños más locos.

No necesitás mover montañas: trasladar una maceta o una pequeña piedra puede provocarte sensaciones maravillosas.

TOCÁ LAS PARTES QUE AMÁS DE TU CUERPO

Da abrazos a quienes querés. Besálos en la mejilla. Acariciá a tu gato o a tu perro un poco más regalándote ese exclusivo momento de serenidad. Saboreá la sensación de una seda, de la madera, sentí diferentes texturas: el musgo, las cortezas, las rocas, el agua.

Mientras más lo hagás más a gusto te sentirás con el placer de tocar. Abrázate y felicítate, lo merecés.

ESCUCHÁ Y ESCUCHATE

Sentáte en silencio y observá cuanto hay para ser escuchado.
Escuchá a la gente, lo que realmente dicen, lo que expresa su cara, sus gestos. Escuchá en profundidad hasta la última nota de cada canción. Escuchá tu voz interna, esa que sólo escuchás cuando la confusión del día disminuye.

Oí el susurro de las hojas, el croar de las ranas, el crujido del tejado con los cambios de temperatura, el llamado de amor de los yigüirros. Escuchá con tu corazón y, sobre todo, escuchá lo que no se escucha. Escuchá tus pensamientos y dejá que resuenen sólo los que construyen.

SENTÍ

Da al dolor sólo el tiempo necesario para que se convierta en evolución, y experimentá el gozo hasta que sintás que vas a evaporarte. Permitíte reír hasta que te duela, sentí el amor desde lo más profundo de tu corazón. Rendíte a la sensualidad de la vida. Enojate y expresá tu furia, si es el caso, pero a solas. Sentí de verdad que estás vivo.

CONFIÁ

Detené tus dudas, sabés que sabés lo que necesitás saber. Hay una cosquilla interna que te muestra tu verdad, si la atendés te guiará del mejor modo. Escucháte y hacéte caso: no te arrepintás después por negar tu intuición. Bien conocés que vos y sólo vos sabés lo que es mejor para vos.

Si se te va el rato pintando, escribiendo, dibujando, eso es lo que debés hacer. Si te encanta caminar al lado del océano, encontrá la forma de ir más. Si extrañás la humedad de la montaña, no te la negués. Hacé lo que tu alma pide, si no confiás completamente en vos, te enmohecés.

REUNÍTE

Buscá más a las personas que amás. Tomá un café con compañía, caminá con alguien querido por el bosque, conversá y hablá, leé en voz alta para otros.

Celebrá que tu cabello, tu piel, tu cuerpo y tus historias son diferentes a las de los otros y a su vez, son indiscutiblemente parecidas. Cociná y comé en compañía.

APRENDÉ A RECIBIR

Por una vez, dejá de dar y dar y dar a todos menos a vos mismo. Aceptá los cumplidos con agradecimiento: La voz que necesitás oír, un abrazo, un momento para conversar, la comida en tu mesa, el dinero que necesitás.

Abríte a recibir, abrí tus manos para que sean llenadas con abundancia. Recibí todas las cosas buenas que merecés y recordá mostrar gratitud por tu vida. Y sobre todo: No te acostumbrés a nada.

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Por qué lo que está bien no se nota

Seguramente alguna vez te habrá sucedido como a mí:  de tanto pasar por un sitio o por mucho realizar una acción, te acostumbrás tanto, que un buen día te sorprendés al no recordar sus detalles.

Es así como te puede “atacar” el hábito de vivir en automático, sin apreciar lo que está bien. Y se puede hacer tan fuerte que sólo prestás atención a las discrepancias, al desorden, a algo fuera de lugar, a un cambio muy notorio.

Eso te lleva a no notar lo positivo y lo edificante que sucede la mayor parte del tiempo. No vivís en presente, no ves el orden, ves el desorden. Sin darte cuenta caés en el juego de elegir abrumarte por un momento o situación poco frecuente, y a esa insignificante excepción entregás tu balance y serenidad habitual como si sólo lo negativo fuera “lo de siempre”. El problema aumenta cuando esa costumbre te lleva a entregarte al catastrofismo.

¿Has pensado alguna vez, por ejemplo, que tu maravilloso cuerpo no debe “ser sentido”? Quiero decir, que cuando estás en perfecta salud no te das cuenta de que el cuerpo “está”, y que realiza millones (¡sí, millones!),  de funciones esenciales para tu sobrevivencia y no lo apreciás porque tenés plena salud… Pero basta con que te hagás un minúsculo corte en el dedo con una hoja de papel, para que “te acordés” de que “está ahí”. Te reclama recordándote que perdiste el perfecto balance que tenías antes y ahora esa pequeña molestia te atormenta.

Un jardín desaliñado repele, uno ordenado, en cambio, hace que te sintás tan bien que quizá no valorés en toda su plenitud cada detalle.

No te acostumbrés. Es cierto que lo que está bien no se nota porque el balance y la armonía “no se notan”: se sienten, se respiran, se hacen parte tuya. Por eso proponéte darle valor a tu capacidad de asombro. Agradecé y mantené esa conexión latiendo cada segundo de tu día. Hacé que todo adquiera una dimensión magnífica. Es tan simple como decidir enriquecer tu vida con los instantes grandes tanto como con los pequeños.

Nunca te acostumbrés a vivir, te perderás la vida.

 

Hay que aprender a enamorarse “mejor”

¿Te ha pasado que al enamorarte respirás con cierto alivio al sentir que de pronto la vida “se te completó” y que por fin llegó ese ser maravilloso que te dará la felicidad esperada? Confiás en que esta persona especial al fin va a llenar tus anhelos de pareja y otra vez te vas de cabeza para luego desilusionarte.

Si eso te sucede, quizá por lo mismo te parece inalcanzable una pareja en la que ambos se respeten, se den apoyo y comprensión mutua, pues cuando todo cambia y va mal (¡otra vez!!)…, la devastación que sufrís es total.

En ese momento en que todo es confuso te preguntás: ¿cómo aquella perfecta relación inicial pudo convertirse en el desastre y desamparo en que te encontrás ahora?  Tu relación se contamina con una tristeza profunda, matizada con enojo y frustración, y sentís otro fracaso asomar de nuevo.

Sé que te va a impactar esto:  el conflicto es una herramienta de crecimiento y los conflictos de pareja son la mejor manera de comprenderte y comprender,  para resolver individualmente y luego reparar. Por eso, para conseguirlo, es imprescindible aprender a “enamorarse mejor”.

Esto se logra al construir una relación consciente en que la etapa de lucha de poder es la “radiografía” que te dice dónde y cómo sanarte y sanar.

Para reparar y mejorar una relación no se trata simplemente de “proponerse cambiar”. Aunque parezca descabellado, el conflicto es una buena señal: no hay indiferencia y aparece mostrando lo que hay en el fondo de tus emociones y las de tu pareja, grita dónde dirigir el trabajo de crecimiento para orientarte con precisión hacia lo que necesita modificarse.

Ningún conflicto revela “una mala relación”, cada choque, cada crítica, cada pelea, irónicamente es un llamado de auxilio. Son claves valiosas para ir al fondo de vos, entenderte y repararte.

Los contenidos emocionales que buscan salir cuando tu subconsciente se alarma, se manifiestan en forma de conflicto, cada vez que asoman buscan tomar contacto con su origen más oculto, sincronizar con tu antigua historia emocional y lo mismo sucede tu pareja. Al aprender a leer tus detonantes emocionales el conflicto cobra sentido y empezás a sumar en la construcción de tu crecimiento emocional. Si no estás en una relación, afinarás también el “detector” para elegir mejor una pareja futura

El entrenamiento en relaciones conscientes se enfoca en comprender la manera en que tu cerebro aprendió a relacionarse desde la infancia, esa manera es la que seguís buscando para conseguir la misma aparente seguridad, al enamorarte.

Reconocer cómo es que los conflictos se suscitan en las relaciones no son el problema, sino, cómo aprendiste a no manejarlos.

Las relaciones de pareja sanan cuando las transformamos en relaciones conscientes. Este giro aprovecha la culpa, la vergüenza, el enojo y la crítica, para la profundización personal, la comprensión mutua y el apoyo con empatía.

Sí, el conflicto es el principal vehículo para sanar, resolver, reparar y evolucionar con crecimiento constante.

La decisión de dejar las frustraciones y crear esas condiciones de crecimiento para avanzar en pareja, es sólo tuya.


Pedí una cita individual, de pareja, u organizá un grupo.
Te invito a hacer un cambio permanente en tu vida
para construir una relación consciente y sana primero con vos,
luego con quien te merezca.


 

Hay que sacarlo todo

Quizá pudiste notar la semana anterior que, como me he mudado de oficina, estoy enfocada en poner orden y hacer espacio. Eso me resultó muy efectivo, por lo que decidí extender el proceso a otros lugares olvidados, algunos tan cotidianos que por lo mismo se volvieron invisibles, así que con el tiempo se fueron llenando de cosas sin uso al igual que algunos de los fardos emocionales.

Me refiero concretamente a mi closet, una colección actual, pero también con registro arqueológico de tendencias idas y venidas, algunas tan viejas, que la moda volvió…

Me enfrenté entonces a unos cuantos duelos: tomar la difícil decisión de soltar. Te confieso que fue más muy profunda de lo esperado, pues no se trataba solamente de “limpiar el closet”, era soltar recuerdos, personas, momentos apresados en cada prenda, cada par de zapatos, un cinturón jurásico ya sin uso posible, pero que, nomás verlo me hizo sonreír al devolverme memorias imborrables de las que no me quería desprender. Eso me hizo reflexionar sobre una vieja canción de Piero, de esas siempre vigentes:

Hay que sacarlo todo afuera, como la primavera
para que adentro nazcan cosas nuevas.

Entonces me di cuenta de que eso soy. Soy lo que tengo dentro: Estoy llena de personas, días, años, eventos, celebraciones, momentos, sobre todo momentos, de NO celebraciones, es decir, del paso hermoso de lo cotidiano que vivo en presente y por eso disfruto cada instante como único.

En cada despedida de esas cosas que descarté me di cuenta que SOY y no necesito de chunches para asirme a mí. Con ellos o sin ellos seguiré enriqueciendo mi caudal de vida, eso sí, más liviana. tengo el nuevo propósito de hacer espacio cada cierto tiempo, para dejar que lo nuevo, las sorpresas y regalos de cada día, ganen un lugar de privilegio en esta vida maravillosa.

 

Lo que abrazo a diario es lo que merece ser vivido ahora.
Lo otro sigue amorosamente guardado en mi alma, ahora sin apegos, y de ahí no se moverá, pues es lo que SOY.

Revisá tus anaqueles

Después de un proceso de construcción que me ha tenido agobiada y alejada de este blog, regreso encantada, pues he extrañado mucho tener este contacto semanal con vos.

Esa distancia me sirvió para notar cómo las cosas cotidianas siguen llamando mi atención. Desde niña siempre he disfrutado cultivar esa capacidad de asombro que no quiero apagar.

Estuve lejos pues hice una oficina nueva, con un salón lindo, alto y luminoso, para dar talleres y continuar mis reuniones con esas personas hermosas de las que siempre aprendo tanto. Así es la magia de enseñar: aprender cada día más de quienes me bendicen con su confianza.

Compartir lo que sé hacer mejor me obliga también a estar actualizada y anticipar cada consulta, cada duda o comentario, de manera que pueda responder, y siempre tener la humildad de reconocer cuánto tengo aún por aprender, para orientar a toda esta gente maravillosa con la que comparto la vida en mis cursos y talleres.

En el proceso de mudanza de oficina tuve que revisar anaquel por anaquel, papel por papel, cajas y cajitas llenas de cosas olvidadas, y me vi reflejada en cada una, reconociendo en ellas, partes mías personales ocultas en alguna esquina del alma.

Así que, en este punto de reflexión, me di cuenta de la importancia de hacer esos procesos más frecuentes: para revisar cómo van mis metas, mis deseos y anhelos, mis sueños… y en qué estatus los tengo. Así puedo medir los niveles de satisfacción y logro, mi capacidad de seguimiento en cada propósito que me he planteado alcanzar.

No importa si se trata de una meta grande o pequeña, pues incluso si están viejitas y olvidadas quizá aún signifiquen algo por completar. Y sí, te cuento que encontré varias, o muchas cosas que siguen teniendo importancia y vale la pena retomar. Son partes pospuestas que ya coloqué en nuevos anaqueles de mi vida, más presentes y visibles, y ya las he empezado a ordenar para conseguirlas.

Por eso, te invito a revisar tus anaqueles, el archivo personal de tu cuerpo físico, emocional, mental y espiritual. Eso sí, con calma. Sin apuro, paso a pasito, caja por caja, papel por papel. Algunas o muchas cosas habrá que quemarlas para renacer de las cenizas, otras pueden ser rescatadas y amorosamente replantearte conseguirlas.

Se trata sólo de revisar, evaluar y retomar lo que vale la pena.

Comparto esta reflexión profunda, pues surge de cosas tan cotidianas que en ocasiones no vemos. Apunta hacia ese interés por construirnos o reconstruirnos, y para que cada día podamos decir, mirándonos de frente al espejo: me amo, me gusto, me respeto.

 

¿Qué es Flacos X Siempre?

Este es un programa para aprender a mantener el peso CON SALUD: sin dietas, sin restricciones, sin listas, palitos ni colores, cero compras extraordinarias o presupuestos inflados y nada de antojos permanentes por toooodo lo que no podés comer.

Se trata de aprender a comer como los flacos, que comen de todo y no engordan.

Te invito a conocer este abordaje para perder peso y mantener un peso sano:

  • sin dieta
  • sin efecto rebote
  • sin alimentos prohibidos

¿Demasiado bueno para ser verdad?

Seguí el enlace y empezarás a conocer los secretos de los flacos, que viven así y no suben de peso, además de técnicas para cambiar la adicción por la comida.

Es tan simple como aprender a controlar la química del cerebro para entender de dónde nacen las adicciones a comer y así erradicar la ansiedad.Captura de pantalla 2018-01-25 a la(s) 1.04.42 PM

YO TAMBIÉN TUVE MIEDO

Cuando entré a primer grado de primaria aprendí a leer muy rápido, en tres meses lo hacía “de corrido”, mientras algunas de mis compañeritas aún silabeaban. Así que mi maestra, Dulce María Valverde (aún no era “de Garro”), una mujer extraordinaria y respetuosa, me enviaba a la biblioteca para que avanzara a mi ritmo, y no le amotinara la clase.

Para cuando terminó el año había leído todos los libros adecuados para mi edad, así que en las vacaciones “asalté” la biblioteca de mi abuela, donde descubrí un mundo de literatura universal y nacional: todos los libros que mis seis tías y tres tíos habían leído durante sus años de secundaria. Me tomó algún tiempo devorarlos, pues tuve que hacer uso del diccionario para poder tener comprensión de sus contenidos.

Desafortunadamente el edifico de primaria fue vendido y fui trasladada a otro colegio. Sin embargo ahí encontré un mundo más amplio y valiosas amistades que aún conservo, pues ese grupo de kinder y primer grado, nos trasladamos casi intacto.

Una mañana, cuando cursaba el cuarto grado de primaria, la monja que daba la clase de español nos pidió que escribiéramos una poesía. Se trataba de un tema libre, así que le dediqué tiempo a mis temas favoritos: la naturaleza, mezclando conceptos con la mitología griega y romana, tradiciones que habían cautivado mi imaginación.

Llegado el momento de la revisión, la sorpresa de la monja fue muy grande, tanto que no lo aceptó. En su mundo pequeño no pudo entender que una niña tan pequeña pudiera acumular una cultura general mayor que la de ella. La estructura de la poesía no es buena, pero los conceptos expresados le parecieron inmanejables para su educación básica y dijo que “yo no lo había escrito”. Me acusó de plagio, una palabra que yo aún no conocía y, sin tiempo para consultar mi mejor amigo, el diccionario, no supe cómo actuar en mi defensa. Luego alegó que “Oda” se escribía con hache, en ese instante comencé a dudar de su capacidad para enseñar español.

Para terminar de mostrar su ignorancia, de inmediato elogió a una compañera que escribió de memoria un soneto de Bécquer… Cuando se lo hice ver, su inseguridad la llevó a humillarme delante de mis compañeras, con amenazas de acusaciones penales por el supuesto plagio, eso tan terrible e  ilegal que yo había hecho, y que no lograba entender a qué se refería. Lo que sí entendí fue su ira y su agresividad. Aquella enorme mole con el hábito café, se bamboleaba sobre mí de manera aterradora.

Aunque no comprendí todas las palabras que me lanzó, el daño emocional estaba hecho: una adulta que me doblaba la estatura, me echó sus casi trescientas libras de frustración encima y a mis nueve años instaló en mi sistema el miedo al ataque y a la humillación.

Tuvieron que pasar décadas para darme cuenta de que, a pesar de esa terrible experiencia para una niña tan pequeña, nunca dejé de escribir. Eso sí, escondía todo, lo tenía con llave, porque el miedo estaba ahí, pero mi naturaleza fue más fuerte que ese momento vivido con esa pobre y terrible mujer.

Un buen día descubrí, hace algunos años, que tengo veintinueve novelas en mi computadora, varios libros de poesía, cuento, y esbozos de narraciones.

Aunque le dejé espacio al miedo por muchos años, tan pronto me di cuenta de que se trataba de eso, me puse en acción: decidí quitarle el poder a ese pobre ser humano, capaz de infligir un daño semejante a seres que apenas están despertando, y me adueñé del resto de mi vida.

Ahora estoy terminando la última revisión de la primera novela que voy a publicar, aunque la escribí hace muchos años, casi termino la corrección de una segunda y avanzo con la tercera; dos libros de cuentos y algunos micro relatos. ¿Demasiado?  Tal vez, pero esa es la venganza más dulce: dedicarme a lo que amo, a crear mundos, a reflejar esta realidad maravillosa que nos rodea, sin regalar ni un minuto más a un mal recuerdo ni ceder otro milímetro al miedo; enfocar cada segundo a ser lo que soy, a ser lo que quiero ser, a lo que me da felicidad.

Comparto este capítulo tan guardado de mi vida, esperando que decidás iluminar uno de tus lugares oscuros, donde alguien quiso apagarte la luz.

Sylvia Rodrigos

¿Es posible enamorarse “mejor”?

Si te vas de cabeza en una relación y no has logrado aún construir una basada en el crecimiento, quizá te parezca inalcanzable imaginar que una pareja pueda vivir en un espacio de respeto, apoyo y comprensión mutua. Eso es realizable cuando se aprende a “enamorarse mejor”, y ver el conflicto como una herramienta de diagnóstico, de hecho, los conflictos de pareja son la mejor manera de comprender lo que necesitamos resolver individualmente para luego reparar los problemas de pareja. De eso se trata tener una relación consciente.

Y es que, cuando nos enamoramos, respiramos con alivio al sentir que de pronto la vida se completó y que por fin llegó ese ser maravilloso que dará la felicidad esperada. Confiamos en que esta persona especial, al fin va a llenar nuestras necesidades más anheladas.

No obstante, posterior a la etapa de enamoramiento (no amor), la pareja puede caer en una dinámica de lucha de poder que lleva a otra realidad, una indeseada en la que la desilusión y la tristeza nos hace sentir que “caímos de nuevo” con la persona menos adecuada. De pronto todo va mal, todo es confuso y te preguntás: ¿cómo aquella perfección inicial pudo convertirse en el desastre y desamparo en que me encuentro ahora? La relación se contamina con una tristeza profunda, matizada con enojo y frustración, y sentimos otro fracaso asomar de nuevo.

Aunque parezca descabellado, el conflicto es una buena señal en una relación, y aparece para enseñar a discernir lo que hay en tu trasfondo emocional, qué es lo que grita, dónde está el trabajo de crecimiento, para así orientarte hacia lo que debe ser modificado. No se trata de simplemente “proponerse cambiar”.

Ningún conflicto revela “una mala relación”, es una clave valiosa para ir al fondo de vos mismo/a, entenderte y conseguir el éxito en tu relación de pareja.

Ningún conflicto revela “una mala relación”, cada choque, cada crítica, cada pelea, irónicamente, son una clave valiosa para ir al fondo de vos mismo/a, para entenderte y conseguir tener éxito en tu relación de pareja.

Los contenidos emocionales que buscan salir cuando tu subconsciente se alarma, se manifiestan en forma de conflicto, cada vez que asoma, es el mejor momento para tomar contacto con su origen más oculto, sincronizar con tu historia emocional y con la de tu pareja, (o para afinar el detector en una pareja futura). Al aprender a leer esos detonantes el conflicto cobra sentido y empieza a sumar en la construcción de un crecimiento que harás imparable.

El entrenamiento en relaciones conscientes se enfoca en comprender la manera en que tu cerebro aprendió a relacionarse desde la infancia, esa manera es la que seguís buscando para conseguir la misma aparente seguridad, al enamorarte.

Reconocer y reparar esos pasos transforma tu experiencia amorosa, pues los conflictos que se suscitan en las relaciones no son el problema, sino, cómo aprendiste a manejarlos (o a no manejarlos).

Las relaciones conscientes de pareja, son relaciones sanas. Se basan en cambios que convierten la culpa, la vergüenza, el enojo y la crítica, en comprensión personal, comprensión mutua y apoyo. El conflicto es el principal vehículo para sanar, resolver, reparar y evolucionar con crecimiento constante.

Te invito a hacer un cambio permanente en tu vida en mi próximo seminario para construir relaciones conscientes y sanas.


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APRENDER A TENER RELACIONES SANAS Y CONSCIENTES CAMBIARÁ TU VIDA.
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Febrero 2018: El arte de fortalecerte por tus cicatrices.

En Japón hay un viejo arte llamado Kintsugi. Es una hermosa manera de embellecer y destacar las cicatrices en los objetos rotos, pues cada pieza de cerámica o porcelana, tiene un valor de antigüedad que la hace merecedora de consideración, respeto y honra especiales.

Cuando una pieza se rompe, es reparada enalteciendo la zona dañada: rellenan las grietas con oro fundido, de manera que, gracias a eso, se vuelve más hermosa, más valiosa y más fuerte.

Según la milenaria cultura japonesa, el principal valor de una pieza y el más importante, está en su historia.

Cuando una persona se rompe, por cualquier circunstancia que la haya afligido en su vida, puede dejar esas grietas abiertas y seguir lamentándose sin ver lo que realmente puede hacer y cambiar para sí misma, pero si decide enfrentar para resolver y seguir adelante, verá el  aprendizaje que al cicatrizar la hará más fuerte.

Unir las roturas con el oro de la vida te dará una belleza única, tendrás mayor valor ante tus ojos, y serás capaz de reparar cada vez más y mejor. Ese es el verdadero sentido para el que te entrena la vida.

Cada error, cada dolor, cada obstáculo, encierra una lección; aprender, es tu regalo para decidir crecer, o perecer.


Si una situación amorosa te ha roto, te invito al Seminario-Taller de febrero. Sé que cambiarás tu vida.
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¿Mala suerte o miedo al éxito?

Lo ves en los demás y te decís ¡debe ser tan lindo!… Sin embargo tu subconsciente se enfoca en el lado desfavorable del éxito y te boicotea. Entonces te quejás por no conseguir esos logros que deseás hace tanto, pero no ves que son tus ideas y tus creencias las que consideran al éxito como peligroso y te impiden alcanzarlo.

IMG_6215Mientras no hagás consciente eso que te hacés, serás incapaz de lograrlo, pues con el miedo al éxito, como con el miedo a cualquier cosa, son tus grabaciones subconscientes las que te mantienen en esa “zona segura” de la que no te movés. Podrás hacer todo lo imaginable, pero no lo alcanzarás porque el miedo te mantendrá a distancia del éxito, donde tus creencias limitantes no se ven cuestionadas y seguirás alimentándolas en esa “área congelada”, que sólo te ha dado frustración a lo largo de toda tu vida.

¿Que te decís?

Aunque soñás con lograrlo, te repetís cosas que aprendiste desde tu niñez, unas trampillas aprendidas que te dificultan obtenerlo:

  • “Tal vez realmente no merezco tener éxito”.
  • “Si tengo éxito, los demás me juzgarán por eso y no por mis cualidades”.
  • O te ensalzarás con una frase de altura: “El triunfo es solitario”… ¿de verdad te lo creés y por eso no te arriesgás?
  • “Si soy una persona exitosa, alguien cercano sufrirá por mi causa”.

Nada más falso, este aspecto del miedo al éxito es en particular difícil de encarar porque lo disfrazás de compasión por alguien más.  Querrás que las personas vean que eso es positivo pues “soy tan buena persona que pienso en los demás antes que en mí”…

  • “La responsabilidad y la presión del éxito me vencerán”.  ¿Eso quiere decir cuando el éxito comienza la diversión se detiene?
¡Cuidado! Aprendiste de personas sin éxito, a tenerle miedo al éxito.  Eso no tiene sentido.

Han pasado muchos años y seguís dándoles poder sobre tu vida, como si fueras aún ese niñito, y continuás en la inacción, convenciéndote de que hay personas que reaccionarán negativamente a tus logros.  Por si no lo sabías, tengo que decirte que eso se llama autoengaño.

¿De dónde sacaste que todas esas creencias limitantes tan efectivas que pasados tantos años te mantienen en el congelador?

Nada de eso existe, nada es cierto, no son más que zancadillas:  Cada uno de esos pensamientos es en realidad una afirmación que te repetís día a día, así justificás mantenerte en tu zona de confort y no te exigís. Seamos honestos, es más cómodo mantenerte donde estás sin salirte del montón, aunque no veás lo que te estás perdiendo.

¿Cuál es la verdad detrás de todo eso?

Subconscientemente sabemos que la autodisciplina lleva al éxito. Por eso mismo, subconscientemente luchás contra ella, así lográs no afrontar “los riesgos y horrores” que te inventaste para excusar tu decisión de evitar someterte al esfuerzo sostenido que requiere alcanzar una meta, y la siguiente y la siguiente, y la que viene después.

Fue así como decidiste enmascarar al éxito y te inventaste razones de sobra para no intentarlo.

Todos albergamos miedos subconscientes, y eso que te repetís, son secretos que tiene tu lado oscuro respecto al éxito. Imaginás indecibles presiones, responsabilidades aplastantes, y muchos otros espantosos subproductos del éxito.

Pero, seamos honestos, son excusas para no sentirte tan mal frente a vos mismo… porque no es fácil engañarte día a día, segundo a segundo, un año sí y todos los que siguen también, sabiendo que lo que te paraliza es el miedo.

Te invito a deshacerte de las creencias limitantes que alimentan tus miedos en mi seminario del próximo 01 de octubre. Será un día que nunca olvidarás.

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