Cómo reanimarte desde adentro

En una de las cajas de esta mudanza lenta y prolija que estoy haciendo a mi nueva oficina, encontré una rareza que adquirí hace algunos años en un viaje y que había permanecido olvidada desde entonces.

De visita en una de esas tiendas mágicas, con productos de múltiples rincones del mundo que se prometen para mil cosas y al mismo tiempo son innecesarias, y quizá por lo mismo, no es fácil renunciar a adquirir algo que secuestra los sentidos y la imaginación.

En ese arsenal inacabable de estantes hipnóticos, descubrí un paquete poco atractivo, con un capullo deshidratado y quebradizo. Me llamó la atención su nombre: Rosa de Jericó. Algunos otros alias aclaraban de qué o quién se trataba: Flor de Resurrección, Siempreviva, Anastatica hierochuntica. Una rápida asociación etimológica me ubicó: Stática, claro, estática… tiene sentido. Está quietecita, la pobre.

Tras el empaque de plástico grueso, sus hojas enrolladas se abrazaban entre sí, como un bebé en el amoroso vientre de su madre y prometía despertar si seguía las instrucciones. La curiosidad me doblegó. Una vez que fue mía, la cargué cuidadosa dentro de la caja en que el dependiente la empacó, para asegurar que llegara sin daño a su destino final, a miles de kilómetros y varios aviones de distancia.

Ahora que la reencuentro leo y releo las instrucciones. Ha pasado demasiado tiempo, dudo que conserve algo de vida. Escéptica, preparo un recipiente de cristal donde tal vez podré ver el supuesto milagro. Sobre una base de piezas de madera fosilizada que colecté hace mucho, la coloco, con cuidado, está demasiado seca y por lo tanto muy frágil. Dejo libre un hoyito al centro de las piedras para acomodar las mínimas raíces, por las que no doy un centavo, de tan rígidas y delgaditas que están.

Me siento a observarla, no pasa nada. Por unos minutos la acompaño. Ante la falta de reacción me retiro para atender otros asuntos. Al rato, habiéndola olvidado por completo, paso cerca y la recuerdo. Me acerco, el corazón me da un vuelco. Aquel rollo de hojas secas que parecía sin esperanza de guardar un hálito de vida en una sola de sus células, ha despertado a la vida desplegando sus hojas en toda su extensión.

#sylviarodrigos-blog

Llena de una emoción que me supera, veo cómo el color grisáceo se va tornando verdoso. Las hojas ahora están flexibles y han adquirido una textura suave y agradable. La toco con admiración, pero sobre todo con respeto.

Doy gracias a mi nueva maestra por su mensaje. Es simple y profundo: todo puede renacer, aun de la más precaria situación, si parte de la conciencia de que aún conserva vida.

El despertar es posible hasta en las más terribles circunstancia, si se es consciente y se elige estar vivo.

No importa lo que pase, siempre es bueno entrar en el abrazo respetuoso de una tristeza, un duelo, una reflexión, para luego regalarnos un regreso nuevo, reverdecido, evolucionado, y abrirnos a la vida sin miedo, en toda su extensión.

El alma, el cuerpo, la mente, el espíritu, sólo precisan de tu atención para sanar y revivir. Es lo que merecés y sólo vos podrás darte.

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s