Todo duelo es un aprendizaje para honrar la vida.

En ocasiones la vida nos sorprende con situaciones en que experimentamos una pérdida difícil de superar. Para conseguirlo, cerrar el proceso del duelo es esencial. Y es que el duelo no se da sólo por la ausencia o separación de un ser querido que nos ha dejado, hay otras pérdidas o cambios que, por tener una fuerte repercusión emocional, pueden afectar profundamente.

Tal es el caso al cambiar de trabajo, mudarse de casa, un hijo que se casa o se independiza, y otras situaciones en que queda un vacío. Aunque en ocasiones se trate de una separación temporal, como sería un hijo o hija que ha ido a estudiar fuera, puede provocar un duelo. También está, por supuesto, duelo más reconocible, el de las pérdidas que serán para siempre, como un divorcio, perder una casa o un fallecimiento.

La certeza de que no se volverá a ver a esa persona o recuperar las condiciones que cambiaron, transita por algunas fases que deben fluir, para alcanzar a comprendernos, y evolucionar en la situación vivida.

No hay una fórmula que saque mágicamente de ese abatimiento, pero sí hay mucho que se pueden hacer para comprender el aprendizaje que presenta la vida en esas circunstancias, y eso comienza con la decisión de dar un primer paso, uno pequeño y amoroso hacia tu dolor.

No disimulés tu pena, no te forcés. Preparáte para comprender lo que te agobia, y construir sobre esas emociones, para honrar esa ausencia, el cambio o a ese ser querido que se ha marchado. Valorar la importancia de lo vivido y entender lo que nos sucede, hacer que valga la pena el aprendizaje, por el resto de la vida.

Sylvia Rodrigos-duelo

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